
Al décimotercer día le faltan apenas minutos, cosa que dentro de la Eternidad quizás no signifique nada, o tal vez sí. Y yo, fiel a lo propuesto, escribiendo mi modesto diario ayunero, que me sirva de memoria para mí, y no sólo para mí. En lo personal no suelo siquiera hablar de lo cotidiano, considerándolo superfluo y vano (tal vez exageradamente). Pero esta vez es de mucha importancia esa cotidianidad, y claro está que no logro transcribir ni el 5 % de lo sucedido en el día, pero tampoco es la finalidad de este diario.
Y ahora, sin más preámbulos, diré que según todas las leyes fisiológicas y afínes, mi organismo está pasando este ayuno de la mejor manera, cosa que confirma que era y es necesario, y mi cuerpo me lo agradece. El descanso a todos los sistemas, especialmente al digestivo es enorme, cosa que le da lugar al sistema inmunológico a dedicarse en forma casi exclusiva a las tareas de limpieza intrinseca, sin que aquello me demande un gran sacrificio.
En cuanto a la basura que sigo produciendo, esfuerzos mediante llego al décimocuarto día, y el tacho creo que va a demorar algunos días más.
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